Entrevista a Niño de Elche, que presenta «Colombiana» en Euskal Herria | Música

Niño de Elche

El músico y cantaor alicantino presenta su nuevo disco, “Colombiana”, en San Sebastián (16 de febrero) y Barakaldo (20 de marzo).

Francisco Contreras, Niño de Elche (Elche, 1985), heterodoxo, prolífico, inquieto e innovador cantaor, mira a América en su nuevo disco “Colombiana” (Sony Music, 2019), grabado junto al músico y productor colombiano Eblis Álvarez (Meridian Brothers), y que presenta próximamente en San Sebastián (Victoria Eugenia, 16 de febrero) y Barakaldo (Teatro Barakaldo, 20 de marzo).

En las diez canciones de “Colombiana”, Niño de Elche enfrenta el flamenco, “un cante de ida y vuelta”, con ritmos tradicionales americanos, “en un viaje que ya hicieran el azúcar, el café, el cacao, la cocaína o la ayahuasca”, y destila de ese encuentro ritmos y melodías novedosos salpicados de sintetizadores y cajas de ritmos.

En esta convergencia de flamenco y sonidos y cadencias caribeños, ese recorrido libre por diferentes voces, Niño de Elche se alía con el también audaz músico Beñat Achiary y la bertsolari Maialen Lujanbio en la chocante “Colombiana Vasca”. Hemos hablado con el cantaor.

En el disco “Colombiana” has trabajado con el productor Eblis Álvarez, con el que, en vez de “fusionar” vuestras músicas, habéis tratado de someterlas a una “terapia de choque”. ¿Por qué esa huida del concepto de fusión y mestizaje?

Conceptos como la fusión o el mestizaje trasladados a la música han sido utilizados de una forma perversa y banal con la única pretensión de crear nuevas etiquetas comerciales que no son más que eso y que no nos hablan de los procesos creativos.

La fusión y el mestizaje ya se dan en las músicas existentes. Por lo tanto, hablar desde esos términos, a mi entender, es una redundancia. Soy más partidario del choque o de la fundición, términos que nos hablan de una forma más radical sobre los procesos artísticos.

¿Qué rasgos de cada uno de vuestros bagajes contiene el resultado final?

Los rasgos finales son comunes: los ritmos, el sonido del disco, las formas de tocar la guitarra, los textos y, sobre todo, una actitud desenfadada parecida ante la práctica musical.

¿Cómo estás llevando “Colombiana” al directo? Entiendo que, en tu concepción de la música, habrá mucho espacio a la improvisación…

La improvisación más que un hecho es una actitud. No siempre se improvisa, pero sí se está dispuesto a improvisar.

El repertorio de mis conciertos siempre está basado y enmarcado en el disco en cuestión que se esté presentando. Están más conceptualizados como espectáculos y no como conciertos.

En “Colombiana Vasca” colaboran contigo Maialen Lujanbio y Beñat Achiary. ¿Cómo llegan al disco? ¿Cómo surgió la colaboración?

Beñat Achiary es uno de los cantantes que más me han influido en los últimos años, y hemos cantado muchas veces juntos. A Maialen la conocí en el festival Ertz que organiza el artista Xabier Erkizia, y donde pude colaborar con ella.

Esta colaboración nació de esos encuentros y de la necesidad de crear una canción que hablara del estraperlo, del amor y del comercio del cacao o del zortziko como supuesta inspiración para la “Colombiana” creada por Pepe Marchena.


Foto: Álvaro Perdices



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